HOMBRE Y
SECRETO
Un hombre
sentado a la orilla de un riachuelo
vé correr
el pausado avanzar de las aguas
y sobre de
ellas deposita
un pensamiento, en torno a la mujer que poseyó.
Fue su vida viva y su fértil compañera,
Sabe que solo
una vez en el transcurso
de su vida por duradera que sea,
examinará las
irrepetibles aguas que ahora pasan
como
irrepetible será el momento de la primera entrega.
Sonríe, y su reir se vá mezclado entre el arrullo de
la corriente, v
é como el riachuelo se lleva su secreto,
se levanta, extiende
los brazos,
los quiere
estrechar…
se une a ellos.
Fernando Sirundaran
DIBUJO BLANCO
NEGRO,
HECHO x “SPEEDY”,
EN LA CIUDAD DE
MEXICO.
EL HOMBRE QUE PERDIO SU SOMBRA
En
la tumba del lecho
Dejo
mi estatua sin sangre.
“Villaurritia”
Yo era muy feliz con ella y ella conmigo, Mi sombra.
Le jugaba bromas exponiéndome a
los rayos del sol para darle figuras grotescas, algunas veces largas, de una
delgadez ridícula, otras achaparradas y obesas; en ocasiones, cuando era de
idéntico tamaño a mi cuerpo, la sentía
como una verdadera compañía, le platicaba sobre mis anhelos más íntimos.
No le importaba que siempre la trajera arrastrando.
Todo sucedió al atardecer de un
día de muertos en que el sol reflejaba las sombras del tamaño de las cosas,
después de llevarle flores a unos parientes, me encontraba en el panteón
observando una fosa recién abierta, parado en el borde, y con la ayuda de los
rayos oblicuos de la media tarde, traté de acomodar a mi sombra como si
estuviera dándole sepultura, hasta que la ubiqué tan adecuadamente. Pensé que
en realidad ahí podría quedarse.
Entonces noté, que la lápida de
la tumba de junto estaba hecha ruinas y me puse a repararla, el nombre del
difunto no se distinguía pero por la fecha en que fue enterrado pensé que sería uno de los primeros en ocupar
el campo santo.
La penumbra llegó acompañada de
un viento frío. Eso hizo que me olvidara de mi sombra dejándola sola en la
fosa. Los días que siguieron llovió copiosamente, con resignación, debí esperar
el momento oportuno para rescatarla, cuando finalmente llegó, corrí al lugar
pero, ¡ Oh, cochina sorpresa!, estaban inhumando a alguien.
Me quedé un rato larguísimo mirando
desde lejos la ceremonia. Al finalizar,
esperé a que se fuera el último de los asistentes y lo primero que hicé fue
quitar la tierra aún floja y alzar el ataúd depositado poco antes.
Ahí estaba mi querida sombra,
idéntica, de mi tamaño… pero tuve que renunciar a ella porque había entrado en
leve descomposición.
Pensé: El nuevo cadáver es el que
huele”, pero no… Era mi lustrosa sombra.
¡Cuánto daño, tristeza y dolor
pasar la vida sin ella!
Fernando Sirundaran
ELLA MURIO EN ABRIL,AL INICIO DE LA PRIMAVERA,SI HUBIERA SIDO EN OTOÑO,NO SE NOTARIAN LOS ROSTROS MARCHITOS,QUE ELLA DEJABA.
SHE DIED IN APRIL,IN THE BEGGINING OF THE SPRING,IF IT HAD BEEN IN AUTUM,IT WOULD NOT NOTICE, THE FACES, WITHERED , THAT SHE LEFT
El observó a aquel que al estirar la mano le fue depositada
lamoneda en su palma. No Vió que haría aquel con ella.
No hizó lo mismo, siguiéndolo con su mirada de idiota lo vió
perderse entre la mulktitud que entraba y salía de la estación del metro.
Sonreía al ver como
algunos se abrazaban, se acariciaban y
besan.
La curiosidad de la gente que entraba ganó en él, entró.
Era más el tiempo que destinaba a estirar la mano que en recogerla,
lo que llamó la atención de la gente que
lo miraba de arriba abajo.
Desde los pies descalzos, su vestimenta hasta los cabellos en
completo desorden.
Una Señora estiró la amno
que contenía una moneda, se la ofreció.
A tomarla el idiota entre la
suya sin preocupación por verla
se quedó mirando a una joven que aparentaba
ir mensajeando en el celular, Sus ojos de color, el pelo largo y lacio y
los que caían por el frente hacían
resaltar más una fisonomía tan fina.
La miraba con ternura, con su mirar idiotizada, embelesado y perdido
sin atreverse a pedir algo.
Estiraba su mano hacia ella, cuando ella le prestó más atención.
“ No tengo"- le dijo en susurro dejando ver una sonrisa y
unos dientes entre los labios.
El idiota estiró su mano con la moneda queriéndola depositar entre
las de ella.
De súbito, asustada ella tardo mucho menos en recogerla, que en
estirarla… rauda se perdió su espalda entre la multitud.
El hombre de honda mirada idiota se quedó con la mano estirada y
la moneda entre pulgar y el índice también,
largamente estirada.

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